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Composición y consumo

La planta de Marihuana contiene alrededor de cuatrocientas sustancias diferentes, sesenta de las cuales, identificadas como ‘cannabinoides’, tienen más o menos efectos en el Sistema Nervioso Central del cuerpo humano.

Es una planta con ejemplares machos y hembras, y son éstas últimas las que contienen cantidades significativas de cannabinoides, descartandose al macho para su consumo recreativo.

El principal cannabinoide psicoactivo de todas las plantas de marihuana es el THC, de cuya concentración e interacción con el resto de cannabinoides depende, en primera instancia, el mayor o menor efecto psicoactivo (así como en las bebidas alcohólicas éste depende del porcentaje de alcohol).

A su vez, la concentración de THC en la planta está determinada por la variedad de marihuana que se consuma.  Así, oscilando la concentración entre un 1% y un 5%, la variedad Sativa se asocia a efectos más estimulantes y la variedad Índica a efectos más relajantes.  Las variedades híbridas buscan descartar las moléculas cannabinoideas que producen efectos no deseados, como ser la sensación de pesadez o sueño, aumentando la concentración de THC hasta alrededor de un 10% para despejar e intensificar la pureza de su efecto psicoactivo.

La parte principalmente utilizada, o que se busca utilizar, es la flor (‘cogollo’) de los ejemplares femeninos.  El material es recolectado y secado por un tiempo, después del cual estaría disponible para su consumo, fundamentalmente mediante la inhalación de los vapores resultantes de su combustión.

La vía de consumo más común es el fumado, tanto en forma de cigarrillo como en pipas de todo tipo, y vaporizadores, siendo ésta última modalidad la menos dañina para el organismo ya que no hay combustión de papel ni del material vegetal sino que la planta desprende al calor un vapor muy fino que solamente contiene las sustancias que interesan al consumidor.

Los efectos comienzan antes de los diez minutos, y dependiendo de la potencia, pueden durar hasta alrededor de dos horas.  En términos generales se puede afirmar que los pulmones absorben menos de la mitad del THC presente en una dosis, y que si hablamos de un cigarrillo de 250 mg. de marihuana, éste contiene un 1% de THC (2.5 mg). del cual ingresa al organismo la mitad o menos.

El consumo por vía oral, su ingestión, modifica la estructura molecular del THC al pasar éste por el tracto digestivo, lo que provoca un retardo e intensificación de los efectos.  Son identificables los efectos alrededor de veinte minutos después de su ingestión dependiendo de la situación digestiva de cada persona, al tiempo que los mismos pueden llegar a durar hasta cinco horas.

Por otro lado, la marihuana no es un elemento fácilmente adulterable en sí mismo, más allá de las sustancias nocivas que participen en su producción ilegal y sin controles sanitarios acordes, como insecticidas y herbicidas.

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